sábado, 8 de enero de 2011

Hoy es posible un matrimonio para toda la vida- Entrevista de Carlos Vergara a Pilar Sordo

una entrevista a Pilar Sordo.. muy buena..
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1310714


Pilar Sordo es una especie de sismóloga, experta en "terremotos del alma", y dueña de una biografía tan llena de medallas como de cicatrices. Con un divorcio y una viudez a cuestas, sus libros sobre relaciones de pareja y seducción se han convertido en fenómeno de ventas, es cada vez más requerida para charlas colectivas (recientemente se presentó en Buenos Aires y Rosario) y sus videos son descargados una y mil veces en YouTube. En entrevista con LN R , en las oficinas del Instituto Profesional Ipege de Santiago, del cual es rectora, repasa algunas de las ideas que la han convertido en una suerte de "gurú" de la mujer latinoamericana, con una fama que a ella no parece sorprenderle.
-Muchos destacan su resiliencia, su capacidad de volver a ponerse de pie después de golpes muy duros. ¿Cuál ha sido la receta?
-Mi capacidad de superación tiene que ver con dos elementos: el primero es que creo profundamente en Dios y confío en que todo ocurre por y para algo. Lo otro es que tengo muy buen sentido del humor. Yo creo que cuando se juntan esas dos cosas, se puede potenciar el crecimiento personal, y eso te permite volver a pararte después de varios dolores.
-¿Por qué se interesó en la relación entre hombres y mujeres?
-Partí con eso en el Viva la diferencia [ver recuadro De las librerías a la TV ], después de mi separación matrimonial, hace ya casi cinco años. Comencé a preguntarme qué había pasado y, producto de ello, empecé a trabajar en talleres con parejas, donde descubrí que los hombres y las mujeres tenían lenguajes distintos para expresar los conflictos. A partir de eso, decidí armar esta investigación, primero en Chile y luego en América latina, porque me molestaba mucho este eslogan de "hombres y mujeres somos iguales", que es muy distinto a hablar de igualdad de oportunidad o equidad de derecho. El concepto de igualdad nos ha hecho mucho daño. Nos ha hecho más competitivos de lo que naturalmente somos y evita las complementariedades, que es a lo que apunto en mi investigación. Ahí descubrí 16 diferencias estructurales, que no dependen de la cultura, y que en el fondo implican el concepto del Viva la diferencia como una fiesta o como una celebración de valorar lo distintos que somos.
-¿Cómo describiría usted esos distintos procesos mentales?
-Son muchas las cosas distintas. Hay algo clave: la tendencia retentiva de las mujeres versus la experiencia de soltar de los hombres. A partir de esta estructura biológica se desprenden una cantidad de características psicológicas, como la excelente memoria en las mujeres, la capacidad que tenemos de preguntar y de guardar cosas, en contraposición a la capacidad que tienen los hombres para avanzar y dar vuelta la página rápido después de las discusiones. Desde esas dos grandes diferencias se derivan las otras 14, algunas de las cuales tienen que ver con que los hombres funcionan sobre la base de objetivos y las mujeres, a partir de procesos o detalles. Los hombres generalmente hablan de sus conflictos cuando los tienen resueltos, las mujeres necesitamos hablar para resolverlos; los hombres funcionan mayoritariamente, a nivel neurofisiológico, con el sistema visual; las mujeres, con el auditivo.
-¿Nos reporta algún beneficio mantener estas diferencias?
-La riqueza misma del ser humano. Uno se valora distinto, y no solamente por el género. Valoramos a los más capacitados, a la gente de edad, a la gente más joven. Y si uno cree que esa diferencia puede aportar a la sociedad, creo que eso es mucho más enriquecedor que empezar a uniformar a todo el mundo, que es algo que nos hace perder la individualidad de saber desde dónde colaboramos con el proceso social. Por lo tanto, desde el punto de vista de la relación de pareja era superimportante mostrar que desde esa diferencia, desde mi ser mujer, yo tenía algo que decir a la sociedad, que es distinto de lo que tiene que decir un hombre, y que no es mejor ni peor, sino sencillamente diferente.
-¿Qué pasa cuando se alteran los papeles tradicionales?
-Da lo mismo, porque el asunto no pasa por un tema de roles. Si el hombre debe quedarse en casa cuidando a los niños y la mujer debe salir a trabajar, ella, desde ese salir a trabajar, tiene que tratar de ser lo más femenina posible. Por supuesto, aprendiendo habilidades masculinas, porque las va a tener que aprender. Y el hombre que se queda en la casa tendrá que ser lo más masculino posible, pero integrando atributos femeninos, porque los va a tener que integrar.
-¿Qué perdió y qué ganó la mujer con su nuevo rol en la sociedad?
-Lo que perdió o ganó depende de cómo cada una lo asuma, pero yo creo que la mujer chilena tendió a masculinizarse mucho, a hacerse fría y calculadora, para entrar en el mundo social, lo que es una pérdida gigante para la sociedad. No así la mujer argentina, que se ha masculinizado bastante menos. El hombre, en cambio, enriqueció su mundo emocional integrando elementos femeninos. Ha habido cierta evolución, debo reconocer, y la mujer ha ido entendiendo que no pasa por ahí el tema del liderazgo. Eso me hace pensar que estamos de alta y que la deuda que tenemos pendiente es con las adolescentes, hipermasculinizadas y jugando mucho a la igualdad, con todos los costos que ello implica.
-En ese sentido, ¿no habrá sido contraproducente haber tenido presidentas en la Argentina y en Chile?
-No, eso nos ayudó, porque en el caso de Michelle Bachelet, ella nunca traicionó su ser femenino. Si hay algo que le agradezco como mujer, es que no se haya masculinizado un ápice en su rol, un riesgo que corría con largueza. Yo creo que eso nos ayudó a encontrarnos con lo femenino, con lo delicado, con lo suave, con establecer un poder que tenía que ver más con el tema conciliatorio y no centrado en los objetivos. De hecho, creo que el gran porcentaje de éxito que tuvo al salir del gobierno tiene que ver con esas características femeninas, con ese espíritu conciliador, con haber formado un gobierno cercano a la gente.
-¿Qué decir de la Argentina y Cristina Kirchner?
-En la Argentina tienen un tema distinto con eso de ser femeninos. Si bien las argentinas tienen hartos problemas con el tema del envejecimiento, y rinden mucho culto al cuerpo, también funcionan en términos femeninos más profundamente que nosotras. En la Argentina se sigue valorando a los viejos, se les da respeto, se cocinan ñoquis. La presencia de Cristina es un tema que valora lo estético y la cosa más externa, pero lo ancestral de la mujer se trae de siempre. Yo creo que el problema argentino son las adolescentes, que si bien no están masculinizadas, están cayendo en un juego de igualdad medio peligroso en términos valóricos. Ahora, también creo que hay conductas afectivas en la Argentina mejores que las nuestras. Los hombres se expresan cariño libremente y acá sólo lo hacen cuando están borrachos. Los argentinos tienen una estructura mental y emocional mucho más libre, con los pros y los contras que ello conlleva.
-¿A qué refiere "juego de igualdad medio peligroso en términos valóricos"?
-Tiene que ver con comportamientos sexuales asociados con cierta libertad en el actuar adolescente argentino, del cual tampoco estamos exentos en Chile. En Europa ya vienen de vuelta. Hablo de poco autocuidado en los jóvenes. Creo que ésa es la palabra adecuada.
-¿Qué factores atentan contra la estabilidad de la pareja?
-El exceso de facilismo, el sentir que todo se puede conseguir rápidamente, deteriora el desarrollo de la fuerza de voluntad, que a mi juicio determina que un proceso amoroso de pareja se mantenga en el tiempo. El amor no es un sentimiento: es una decisión que se toma todos los días y por la cual hay que trabajar. Y cuando las cosas se ven tan fáciles, cuando es más cómodo comer en bandeja que en una mesa, cuando es mejor comer con la TV encendida, cuando todo parece tan fácil, empezamos a perder los valores centrales y sociales. Creo que el secreto del siglo XXI, aunque parezca raro, es volver a complicarse la vida, volver a aplicar fuerza de voluntad para mantener lo que es importante.
-¿Cómo generar una actitud de colaboración entre hombre y mujer?
-Entendiendo que el desarrollo de la pareja es el cimiento de la familia, que requiere tiempo y trabajo consciente, espacios concretos de diálogo, conversación y profundización. Hoy, tanto hombres como mujeres están preparados para una relación más complementaria y menos competitiva que antes, en la que se permiten tener roles más flexibles y entretenidos. Por supuesto, ello debe estar siempre gobernado por un esquema de relación de pareja sustentado por la decisión de amar.
-En su caso, ¿cuál fue la fórmula?
-La única fórmula es decidirse a ser feliz. Hacerse cargo de la propia vida. Cuando lo haces, estás mucho más preparada para vivir con otro. No puedes endosar al otro lo que no resuelves. Ahí es cuando las cosas no funcionan. Hoy es mucho más factible que antes tener un matrimonio para toda la vida. El problema es que las tolerancias, las paciencias y los tiempos han ido cambiando en un mundo que lo desecha todo, que a la orden de un "clic" elimina la foto que sale fea. Pareciera que hay que hacer desaparecer cualquier cosa que nos sea incómoda. Y una relación de pareja tiene, por base, imperfecciones.
-¿Por qué cree que su mensaje ha tenido tanto éxito?
-Dios me dio muchos dones, pero en el paquete no venían la delicadeza ni la fineza. Soy muy poco docta y, acaso por ello, puedo llegar al 90% de la gente que no tiene acceso a terapia. Me esfuerzo por bajar lo complejo de la investigación a palabras sencillas. Yo también pasé por etapas en las cuales consulté a tarotistas (labor que, realizada profesionalmente, encuentro muy válida), pero descubrí que tenía más que ver con mis miedos e inseguridades. Buscaba que me dieran una varita mágica y no me daba cuenta de que debía descubrirla por mí misma.
-¿Alcanzó a utilizar los resultados de su investigación en su propia vida?
-Con la investigación descubrí que no debí haberme casado. Y no porque me separé, que es muy distinto. Me casé muy inmadura, creo. El amor maduro y real lo viví con otra pareja, la que ya se fue. Antes me quejaba mucho más de lo que me quejo hoy en día. La investigación me enseñó a no hacerlo. Saqué adelante a mis hijos y volví a dar ayuda comunitaria sin mirar atrás.
-Su último libro trata sobre la seducción. ¿Qué le atrajo de este tema?
-Lo estudié en Latinoamérica y me impresionó el marcado cuidado de sí misma que tiene la mujer centroamericana, partiendo de que usa ropa interior bonita siempre. Una chilena se viste así sólo si va a ser vista. Si no tiene pareja, le da lo mismo. La mujer argentina también se descuida mucho después de casada.
Por Carlos Vergara (Corresponsal en Chile)
revista@lanacion.com.ar

Fuente: Diario LA NACIÓN

El síndrome de Simón - by Enrique Rojas

El Síndrome de Simon
El Mundo. 09/10/2009
                                       EL  SINDROME  DE  SIMON  
 Acrónimo de: soltero, inmaduro, obsesionado con el éxito y narcisista
 El mundo se ha psicologizado. Los psiquiatras nos hemos convertido en los médicos de cabecera. Recuerdo cuando yo era pequeño, tendría 12 o 13 años, en le colegio donde yo estaba, mis compañero me decían “hay que ver, tu padre médico de los locos, que terrible, como ha podido escoger esa especialidad”. Yo entonces no entendía nada y pensaba la materia que había escogido mi padre era demasiado dura. Los psiquiatras hemos pasado de ser los médicos de los locos, de los nervios, de los que están mal de la cabeza… a ser los médicos de la conducta y los médicos de cabecera. En esa trayectoria se resume lo que ha ocurrido con la psiquiatría en los últimos 30 o 40 años en Occidente.
 Al mismo tiempo, estamos observando enfermedades o trastornos psicológicos nuevos que no existían hace unos años y citaré como ejemplo, tres: La anorexia bulimia,  la obsesión por no engordar que lleva a vivir en una tiranía contra la comida y con la báscula. Por otra parte el miedo o pánico de los profesores a dar clase en los colegios públicos: al haberse derrumbado el concepto de autoridad, por un lado y al venir los alumnos selváticos de sus casas, el profesor tiene terror a dar clase ante la posibilidad de ser agredido física o lo que es peor, psicológicamente, humillado, vilipendiado, ridiculizado. Y en tercer lugar quiero exponer el caso del síndrome de SIMON, que también es relativamente reciente y que voy a tratar de definirlo de entrada y de especificarlo con detalle, de salida.
 Se trata de un hombre soltero, en torno a los 30 años (de 28 a 38 años aproximadamente o separado que pasa por soltero); inmaduro  desde el punto de vista sentimental (solo quiere pasar un rato con las mujeres, en plural) divertirse, jugar como un donjuán que sale y entra, pero no busca una mujer sino que se busca sí mismo; obsesionado con el éxito (quiere triunfar , alcanzar una cota profesional relativamente alta, es capaz de sacrificarlo casi todo por esta subida de peldaños en su trabajo. Y finalmente narcisista  (como la planta del narciso, que se inclina en el espejo que el agua le ofrece y está mirándose continuamente así mismo, en una especie de contemplación placentera, muy centrada en la imagen, en la impresión que va a causar a los demás.
  Voy a entrar ahora en detalle con cada uno de estos aspectos porque nos entramos encontrando con una muestra de la población de 28 a 38 años aproximadamente (las fronteras temporales son borrosas, desdibujadas, etéreas) que deambula con estas cuatro notas en su seno y que dan lugar a una modalidad de conducta extraña, rara, curiosa, variopinta y bastante frecuente.
 1)      Soltero. Para muchos la soltería es como un solar en el centro de una gran ciudad, que siempre tiene buena venta y que a medida que pase el tiempo, este se revaloriza, sube su tarifa y mejora en rentabilidad. Tengo que hacer una crítica de este concepto. Solo quien es realmente libre es capaz de comprometerse. Ser capaz de perder la soltería por un amor fuerte, sólido, atrayente, sugestivo, indica vida, fuerza capacidad de riesgo, vitalidad.
 Muchos de estos jóvenes parapetados detrás de la soltería, se exhiben y pasean frente a las chicas buscando,  mostrarse, desfilar por la pasarela de los que “están libres” y después que puje la que más fuerza tenga para llevarse el trofeo.
 2) Inmadurez de los sentimientos
Los sentimientos son estados de ánimo, positivos o negativos que nos conducen a acercarnos o a alejarnos del objeto que aparece delante de nosotros. Los sentimientos son la vía regia de la afectividad, el camino carretero y trillado mas frecuente. Voltaire era racionalista y Rouseau, sentimental. Leibniz, decía que tout sentiment est la perception confuse de  une verite, todo sentimiento consiste en la percepción confusa de la verdad.
 El sentimiento es la forma habitual y ordinaria de vivir los afectos. Son bloques informativos que nos orientan en la vida. Son una vía de conocimiento y un termómetro de nuestra vida privada. Los sentimientos son como un ordenador que evalúa y nos da la cuenta de resultados de cómo va la vida y milagros de nuestra afectividad; el principal sentimiento es el amor, y este se abre en abanico, repleto de matices: amar, desear, querer, sentirse atraído, buscar, tener en la cabeza, necesitar, estar todo el día pensando en alguien…..el análisis esta erizado de dificultades.
 Tener madurez sentimental significa ser capaz de estar abierto a dar y recibir amor, a la posibilidad de descubrir otra persona a la que entregarle los papeles del tesoro escondido, dándose por entero a ella y elaborar un proyecto común. Enamorarse es crear una mitología privada con alguien. Hay dos notas esenciales: tener admiración y sentir una fuerte atracción atracción. Es decirle a alguien: no entiendo mi vida sin ti, eres parte fundamental de mi proyecto. Enamorarse es necesitar a alguien, no entender la vida sin que esa persona este en el centro del cuarto de maquinas de la propia travesía.
 En el síndrome de Simón nos encontramos con una persona que puede tener una adecuada madurez profesional (ama su trabajo, lo cuida lo cultiva, es un buen profesional, etc.), pero que no tiene madurez afectiva: no sabe que es el mundo sentimental, no sabe expresar sentimientos, no sabe que el amor es un trabajo de artesanía psicológica, desconoce que los sentimientos hay que trabajarlos con dedicación y esmero, porque si no se volatilizan. El inmaduro no sabe dar y ni recibir amor y sobre todo no sabe como mantenerlo…
 En estas brumas de estas características del Simon, asoma, emerge, salta y se levanta huracanado, otro cuadro clínico que se desgaja de este y que remata la faena del siguiente modo: commiment panic syndrom, el síndrome del pánico a comprometerse con otra persona. Me decía un joven de 35 años que lleva saliendo dos años con una chica, de su mismo nivel social, que ella le había propuesto casarse, después de esos dos años de andadura y el respondió: “He tenido ansiedad, pellizco gástrico, dificultad respiratoria, pellizco en la tripa … y un gran miedo, porque yo creo, que no estoy preparado y que lo que quiero es seguir por el momento así, hasta que pase el tiempo, no me veo en condiciones adecuadas para dar un paso tan serio, no estoy preparado ….”.
Se han multiplicado los hombres que se adscriben a este terror al compromiso con otra persona, la sociedad actual, ha ido fabricando cada vez mas hombres inmaduros (que no mujeres), que viven centrados en sus trabajo, en sus amigos, salir y entrar, algo de cultura y pasarlo bien.  Son los tiempos que corren. La mujer sabe mucho mas de los sentimientos que el hombre y quiere buscar un amor verdadero, autentico, para siempre… pero esto es lo que hay, el patio está de esta manera, se ha producido en los últimos tiempos lo que yo llamaría una cierta socialización de la inmadurez sentimental en el hombre, divertida y escandalosa, juguetona y dramática, banal y kafkiana. Esto es lo que hay.
                                                                                                            
3)       Obsesionado con el éxito:
La prioridad de esa persona es fundamentalmente encontrar una posición económica adecuada y situarse. Y sacrificarlo todo por esto. Hago una enmienda a la totalidad: es evidente que es importante trabajar el proyecto profesional, pero que ese sea el único elemento fundamental parece pobre, flaco, poco consistente. La parte es tomada por el todo. Hay una nota escondida aquí, que es la obsesión por el cuerpo, que lleva en muchos casos a una cierta fobia a su tipo corporal e incluso a las partes faciales (a esto se le llama clínicamente con el nombre de dismorfofobia). Esto lo saben bien los médicos de cirugía estética, pues buscan una intervención quirúrgica que palie esa impresión subjetiva…esto se conecta igualmente con la 4 nota de este singular síndrome. Me decía esto el Dr. Juan Peñas, uno de los cirujanos plásticos más importantes de nuestro país, como están viendo gente con esta patología sumergida, desdibujada, trivial y sin fundamento.
   4)      Narcisista
El narciso es una planta exótica con hojas largas, estrechas y puntiagudas que crece en la cercanía de los lagos y se inclina hacia él, mirándose en el espejo que el agua le ofrece. Plotino hablo del mito del narciso: cuidar tanto la fachada, la portada, la apariencia, la imagen…. que lleva a producir una idolatría de lo exterior.
 Narcisista es el que tiene un amor y una preocupación desordenado hacia si mismo, y que vive en, por, si, sobre, tras la cima de una autoestima cada vez mas grande. El narcisista gira permanentemente sobre si mismo, siempre preocupado por causar una buena impresión a la gente que le rodea y además reclamando elogios, admiración y reconocimiento.  El patrón de conducta se vertébra en torno a la necesidad de reconocimiento por parte de la gente de su entorno.
 De esta secuencia descriptiva asoma el complejo de superioridad: Que es un sentimiento que hace que ese sujeto se vea muy por encima de los que le rodean, hay una seguridad y una arrogancia enormes. El narcisista es vanidoso y sus afirmaciones, de superioridad. Se trata de una persona muy pagada de si misma que necesita cada vez mas elogios y todo le parece poco en ese sentido, pretenciosa, creída, petulante… y cuando se le pregunta su opinión por alguien tiende a la descalificación inmediata y rotunda del otro. Muchos narcisistas se dan entre tipos hipermimados y superprotegidos, en donde están muy acostumbrados a recibirlo todo de palabra y de hecho, a no ser corregidos ni criticados por sus progenitores.
 Los criterios para diagnosticar un narcisista: son un patrón general de grandiosidad, necesidad de admiración, falta de empatía con los demás, fantasías de éxitos ilimitados y es fatuo, pedante y engreído, que siempre espera recibir un trato de favor especial y si este no se da, decae su interés por esa o esas personas.
 Esta tetralogía,  soltero, inmaduro, obsesivo y narcisista, constituye una sinfonía de instrumentos desafinados, un tipo de hombre que ha construido su personalidad con unos materiales de poca solidez, pero que de lejos: brilla y suena y asoma e interesa.
 Pero de cerca: es una modalidad nueva del hombre light, una versión de los albores del siglo XXI.
 Lo psiquiatras somos perforadores de superficies, nos metemos debajo de la conducta para descubrir que se esconde tras ella y desenmascarar a la persona para captarla en su realidad.
 Y en la otra cara de la moneda esta la mujer soltera, sana y normal, que quiere encontrar un hombre adecuado, con el que compartir su vida, un amor para siempre, sin fecha de caducidad.
  Veo cada vez mas a muchas mujeres desencantadas ante este tipo de hombre,  que me dicen lo siguiente: “yo busco un hombre que venga con los deberes hechos, no quiero un adolescente que tenga que educar como si fuera su madre”.
 Todos tenemos 3 caras: lo que yo pienso que soy (autoconcepto), lo que otros piensan que mi (imagen) y lo que realmente soy (la verdad sobre mi mismo).
 
Enrique Rojas, Catedrático Psiquiatría que desarrolla su actividad docente en el Centro Universitario Villanueva de Madrid, adscrito a la Universidad Complutense.

Fuente: http://www.enriquerojas.com/ficha_articulo.asp?Id=89

Inmadurez afectiva y amor - by Enrique Rojas

me encantó!!!!! es un pedacito de un texto sobre lo q el llama el Síndorme de Simón.. muy bueno..


Los sentimientos son estados de ánimo, positivos o negativos que nos conducen a acercarnos o a alejarnos del objeto que aparece delante de nosotros. Los sentimientos son la vía regia de la afectividad, el camino carretero y trillado mas frecuente. Voltaire era racionalista y Rouseau, sentimental. Leibniz, decía que tout sentiment est la perception confuse de  une verite, todo sentimiento consiste en la percepción confusa de la verdad.
 El sentimiento es la forma habitual y ordinaria de vivir los afectos. Son bloques informativos que nos orientan en la vida. Son una vía de conocimiento y un termómetro de nuestra vida privada. Los sentimientos son como un ordenador que evalúa y nos da la cuenta de resultados de cómo va la vida y milagros de nuestra afectividad; el principal sentimiento es el amor, y este se abre en abanico, repleto de matices: amar, desear, querer, sentirse atraído, buscar, tener en la cabeza, necesitar, estar todo el día pensando en alguien…..el análisis esta erizado de dificultades.
 Tener madurez sentimental significa ser capaz de estar abierto a dar y recibir amor, a la posibilidad de descubrir otra persona a la que entregarle los papeles del tesoro escondido, dándose por entero a ella y elaborar un proyecto común. Enamorarse es crear una mitología privada con alguien. Hay dos notas esenciales: tener admiración y sentir una fuerte atracción atracción. Es decirle a alguien: no entiendo mi vida sin ti, eres parte fundamental de mi proyecto. Enamorarse es necesitar a alguien, no entender la vida sin que esa persona este en el centro del cuarto de maquinas de la propia travesía.

Fuente: http://www.enriquerojas.com/ficha_articulo.asp?Id=89

Regulación de la natalidad- by Juan Pablo II

La regulación de la natalidad (8-VIII-84/12-VIII-84)
1. Hemos dicho anteriormente que el principio de la moral conyugal, que la iglesia enseña (Concilio Vaticano II, Pablo VI), es el criterio de la fidelidad al plan divino.
De acuerdo con este principio, la Encíclica «Humanæ vitæ» distingue rigurosamente entre lo que constituye el modo moralmente ilícito de la regulación de los nacimientos o, con mayor precisión, de la regulación de la fertilidad, y el moralmente recto.
En primer lugar, es moralmente ilícita «la interrupción directa del proceso generador ya iniciado» («aborto») (Humanæ vitæ, 14), la «esterilización directa» y «toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación» (Humanæ vitæ, 14), por tanto todos los medios contraceptivos. Es por el contrario moralmente lícito, «el recurso a los períodos infecundos» (Humanæ vitæ, 16): «Por consiguiente, si para espaciar los nacimientos existen serios motivos, derivados de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges, o de circunstancias exteriores, la Iglesia enseña que entonces es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inminentes a las funciones generadoras para usar el matrimonio sólo en los periodos infecundos y así regular la natalidad sin ofender los principios morales...» (Humanæ vitæ, 16).
2. La Encíclica subraya de modo particular que «entre ambos casos existe una diferencia esencial» (Humanæ vitæ, 16), esto es, una diferencia de naturaleza ética: «En el primero, los cónyuges se sirven legítimamente de una disposición natural; en el segundo, impiden el desarrollo de los procesos naturales» (Humanæ vitæ, 16).
De ello se derivan dos acciones con calificación ética diversa, más aún, incluso opuestas: la regulación natural de la fertilidad es moralmente recta, la contracepción no es moralmente recta. Esta diferencia esencial entre las dos acciones (modos de actuar) concierne a su intrínseca calificación ética, si bien mi predecesor Pablo VI afirma que «tanto en uno como en otro caso, los cónyuges están de acuerdo en la voluntad positiva de evitar la prole por razones plausibles», e incluso escribe: «buscando la seguridad de que no se seguirá» (Humanæ vitæ, 16). En estas palabras el documento admite que, si bien también los que hacen uso de las prácticas anticonceptivas puedan estar inspirados por «razones plausibles», sin embargo ello no cambia la calificación moral que se funda en la estructura misma del acto conyugal como tal.
3. Se podría observar, en este punto, que los cónyuges que recurren a la regulación natural de la fertilidad podrían carecer de las razones válidas de que se ha hablado anteriormente; pero esto constituye un problema ético aparte, dado que se trata del sentido moral de la «paternidad y maternidad responsables».
Suponiendo que las razones para decidir no procrear sean moralmente rectas, queda el problema moral del modo de actuar en tal caso, y esto se expresa en un acto que -según la doctrina de la Iglesia transmitida en la Encíclica- posee su intrínseca calificación moral positiva o negativa. La primera, positiva, corresponde a la «natural» regulación de la fertilidad; la segunda, negativa, corresponde a la «contracepción artificial».
4. Toda la argumentación precedente se resume en la exposición de la doctrina contenida en la «Humanæ vitæ», advirtiendo en ella el carácter normativo y al mismo tiempo pastoral. En la dimensión normativa se trata de precisar y aclarar los principios morales del actuar; en la dimensión pastoral se trata sobre todo de ilustrar la posibilidad de actuar según estos principios («posibilidad de la observancia de la ley divina», Humanæ vitæ, 20).
Debemos detenernos en la interpretación del contenido en la Encíclica. A tal fin es necesario ver ese contenido, ese conjunto normativo-pastoral a la luz de la teología del cuerpo, tal como emerge del análisis de los textos bíblicos.
5. La teología del cuerpo no es tanto una teoría, cuanto más bien una específica, evangélica, cristiana pedagogía del cuerpo. Esto se deriva del carácter de la Biblia, y sobre todo del Evangelio que, como mensaje salvífico, revela lo que es verdadero bien del hombre, a fin de modelar -a medida de este bien- la vida en la tierra, en la perspectiva de la esperanza del mundo futuro.
La Encíclica «Humanæ vitæ», siguiendo esta línea, responde a la cuestión sobre el verdadero bien del hombre como persona, en cuanto varón y mujer; sobre lo que corresponde a la dignidad del hombre y de la mujer, cuando se trata del importante problema de la transmisión de la vida en la convivencia conyugal.
A este problema dedicaremos ulteriores reflexiones.
119. La transmisión de la vida (22-VIII-84/26-VIII-84)
1. ¿Cuál es la esencia de la doctrina de la Iglesia acerca de la transmisión de la vida en la comunidad conyugal, de esa doctrina que nos ha recordado la Constitución pastoral del Concilio «Gaudium et spes» y la Encíclica «Humanæ vitæ» del Papa Pablo VI?
El problema está en mantener la relación adecuada entre lo que se define «dominio... de las fuerzas de la naturaleza» (Humanæ vitæ, 2) y el «dominio de sí» (Humanæ vitæ, 21), indispensable a la persona humana. El hombre contemporáneo manifiesta la tendencia a transferir los métodos propios del primer ámbito a los de segundo. «El hombre ha llevado a cabo progresos estupendos en el dominio y en la organización racional de las fuerzas de la naturaleza -leemos en la Encíclica-, de modo que tiende a extender ese dominio a su mismo ser global: al cuerpo, a la vida psíquica, a la vida social y hasta las leyes que regulan la transmisión de la vida» (Humanæ vitæ, 2).
Esta extensión de la esfera de los medios de «dominio... de las fuerzas de la naturaleza» amenaza a la persona humana, para la cual el método del «dominio de sí» es y sigue siendo específico. Efectivamente, el dominio de sí corresponde a la constitución fundamental de la persona: es precisamente un método «natural». En cambio, la transferencia de los «medios artificiales» rompe la dimensión constitutiva de la persona, priva al hombre de la subjetividad que le es propia y hace de él un objeto de manipulación.
2. El cuerpo humano no es sólo el campo de reacciones de carácter sexual, sino que es, al mismo tiempo, el medio de expresión del hombre integral, de la persona, que se revela a sí misma a través del «lenguaje del cuerpo». Este «lenguaje» tiene un importante significado interpersonal, especialmente cuando se trata de las relaciones recíprocas entre el hombre y la mujer. Además, nuestros análisis precedentes muestran que en este caso el «lenguaje del cuerpo» debe expresar, a un nivel determinado, la verdad del sacramento. Efectivamente, al participar del eterno plan de amor («Sacramentum absconditum in Deo»), el «lenguaje del cuerpo» se convierte en un «profetismo del cuerpo».
Se puede decir que la Encíclica «Humanæ vitæ» lleva a las últimas consecuencias, no sólo lógicas y morales, sino también prácticas y pastorales, esta verdad sobre el cuerpo humano en su masculinidad y feminidad .
3. La unidad de los dos aspectos del problema -de la dimensión sacramental (o sea, teológica) y de la personalística- corresponde a la global «revelación del cuerpo». De aquí se deriva también la conexión de la visión estrictamente teológica con la ética, que nace de la «ley natural».
En efecto, el sujeto de la ley natural es el hombre no sólo en el aspecto «natural» de su existencia, sino también en la verdad integral de su subjetividad personal. El señor manifiesta, en la Revelación, como hombre y mujer, en su plena vocación temporal y escatológica. Es llamado por Dios para ser testigo e intérprete del eterno designio del amor, convirtiéndose en ministro del sacramento que, «desde el principio», se constituye en el signo de la «unión de la carne».
4. Como ministros de un sacramento que se realiza por medio del consentimiento y se perfecciona por la unión conyugal, el hombre y la mujer están llamados a expresar ese misterioso «lenguaje» de sus cuerpos en toda la verdad que les es propia. Por medio de los gestos y de las reacciones, por medio de todo el dinamismo, recíprocamente condicionado, de la tensión y del gozo -cuya fuente directa es el cuerpo en su masculinidad y feminidad, el cuerpo en su acción e interacción- a través de todo esto «habla» el hombre, la persona.
El hombre y la mujer con el «lenguaje del cuerpo» desarrollan ese diálogo que -según el Génesis 2, 24-25- comenzó el día de la creación. Y precisamente a nivel de este «lenguaje del cuerpo» -que es algo más que la sola reactividad sexual y que, como auténtico lenguaje de las personas, está sometido a las exigencias de la verdad, es decir a normas morales objetivas-, el hombre y la mujer se expresan recíprocamente a sí mismos del modo más pleno y más profundo, en cuanto les es posible por la misma dimensión somática de la masculinidad y femineidad: el hombre y la mujer se expresan a sí mismos en la medida de toda la verdad de su persona.
5. El hombre es persona precisamente porque es dueño de sí y se domina a sí mismo. Efectivamente, en cuanto que es dueño de sí mismo puede «donarse» al otro. Y ésta es una dimensión -dimensión de la libertad del don que se convierte en esencial y decisiva para ese «lenguaje del cuerpo», en el que el hombre y la mujer se expresan recíprocamente en la unión conyugal. Dado que esta comunión es comunión de personas, el «lenguaje del cuerpo» debe juzgarse según el criterio de la verdad. Precisamente la Encíclica «Humanæ vitæ» presenta este criterio, como confirman los pasajes antes citados.
6. Según el criterio de esta verdad, que debe expresarse con el «lenguaje del cuerpo», el acto conyugal «significa» no sólo el amor, sino también la fecundidad potencial, y por esto no puede ser privado de su pleno y adecuado significado mediante intervenciones artificiales. En el acto conyugal no es lícito separar artificialmente el significado unitivo del significado procreador, porque uno y otro pertenecen a la verdad íntima del acto conyugal: uno se realiza justamente con el otro y, en cierto sentido, el uno a través de otro. Así enseña la Encíclica (cf. Humanæ vitæ, 12). Por lo tanto en este caso el acto conyugal, privado de su verdad interior, al ser privado artificialmente de su capacidad procreadora, deja también de ser acto de amor.
7. Puede decirse que en el caso de una separación artificial de estos dos significados, en el acto conyugal se realiza una real unión corpórea, pero no corresponde a la verdad interior ni a la dignidad de la comunión personal: communio personarum. Efectivamente esta comunión exige que el «lenguaje del cuerpo» se exprese recíprocamente en la verdad integral de su significado. Si falta esta verdad, no se puede hablar ni de la verdad el dominio de sí, ni de la verdad del don recíproco y de la recíproca aceptación de sí por parte de la persona. Esta violación del orden interior de la comunión conyugal, que hunde sus raíces en el orden mismo de la persona, constituye el mal esencial del acto anticonceptivo.
8. Tal interpretación de la doctrina moral, expuesta en la Encíclica «Humanæ vitæ», se sitúa sobre el amplio trasfondo de las reflexiones relacionadas con la teología del cuerpo. Resultan especialmente válidas para esta interpretación las reflexiones sobre el «signo» en conexión con el matrimonio, entendido como sacramento. Y la esencia de la violación que perturba el orden interior del acto conyugal no puede entenderse de modo teológicamente adecuado, sin las reflexiones sobre el tema de la «concupiscencia de la carne».
120. La anticoncepción y la continencia periódica (29-VIII-84/2-IX-84)

1. La Encíclica «Humanæ vitæ», demostrando el mal moral de la anticoncepción, al mismo tiempo, aprueba plenamente la regulación natural de la natalidad y, en este sentido, aprueba la paternidad y maternidad responsables. Hay que excluir aquí que pueda ser calificada de «responsable», desde el punto de vista ético, la procreación en la que se recurre a la anticoncepción para realizar la regulación de la natalidad. El verdadero concepto de «paternidad y maternidad responsables», por el contrario, está unido a la regulación de la natalidad honesta desde el punto de vista ético.
2. Leemos a este propósito: «Una práctica honesta de la regulación de la natalidad exige sobre todo a los esposos adquirir y poseer sólidas convicciones sobre los verdaderos valores de la vida y de la familia, y también una tendencia a procurarse un perfecto dominio de sí mismos. El dominio del instinto, mediante la razón y la voluntad libre, impone, sin ningún género de duda, una ascética, para que las manifestaciones afectivas de la vida conyugal estén en conformidad con el orden recto y particularmente para observar la continencia periódica. Esta disciplina, propia de la pureza de los esposos, lejos de perjudicar el amor conyugal, le confiere un valor humano más sublime. Exige un esfuerzo continuo, pero, en virtud de su influjo beneficioso, los cónyuges desarrollan íntegramente su personalidad, enriqueciéndose de valores espirituales...» (Humanæ vitæ, 21).
3. La Encíclica ilustra luego las consecuencia de este comportamiento no sólo para los mismos esposos, sino también para toda la familia, entendida como comunidad de personas. Habrá que volver a tomar en consideración este tema. La Encíclica subraya que la regulación de la natalidad éticamente honesta exige de los cónyuges ante todo un determinado comportamiento familiar y procreador: esto es, exige a los esposos «adquirir y poseer sólidas convicciones sobre los verdaderos valores de la vida y de la familia» (Humanæ vitæ, 21). Partiendo de esta premisa, ha sido necesario proceder a una consideración global de la cuestión, como hizo el Sínodo de los Obispos del año 1980 («De muneribus familiæ christianæ»). Luego, la doctrina relativa a este problema particular de la moral conyugal y familiar, de que trata la Encíclica «Humanæ vitæ», ha encontrado su justo puesto y la óptica oportuna en el contexto total de la Exhortación Apostólica «Familiaris consortio». La teología del cuerpo, sobre todo como pedagogía del cuerpo, hunde sus raíces, en cierto sentido, en la teología de la familia y, a la vez, lleva a ella. Esta pedagogía del cuerpo, cuya clave es hoy la Encíclica «Humanæ vitæ», sólo se explica en el contexto pleno de una visión correcta de los valores de la vida y de la familia.
4. En el texto antes citado el Papa Pablo VI se remite a la castidad conyugal, al escribir que la observancia de la continencia periódica es la forma de dominio de sí, donde se manifiesta «la pureza de los esposos» (Humanæ vitæ, 21).
Al emprender ahora un análisis más profundos de este problema, hay que tener presente toda la doctrina sobre la pureza, entendida como vida del espíritu (cf. Gál 5, 25), que ya hemos considerado anteriormente, a fin de comprender así las respectivas indicaciones de la Encíclica sobre el tema de la «continencia periódica». Efectivamente, esa doctrina sigue siendo la verdadera razón, a partir de la cual la enseñanza de Pablo VI define la regulación de la natalidad y la paternidad y maternidad responsables como éticamente honestas.
Aunque la «periodicidad» de la continencia se aplique en este caso a los llamados «ritmos naturales» (Humanæ vitæ, 16), sin embargo, la continencia misma es una determinada y permanente actitud moral, es virtud, y por esto, todo el modo de comportarse, guiado por ella, adquiere carácter virtuoso. La Encíclica subraya bastante claramente que aquí no se trata sólo de una determinada «técnica», sino de la ética en el sentido estricto de la palabra como moralidad de un comportamiento.

Por tanto, la Encíclica pone de relieve oportunamente, por un lado, la necesidad de respetar en tal comportamiento el orden establecido por el Creador, y, por otro, la necesidad de la motivación inmediata de carácter ético.
5. Respecto al primer aspecto leemos: «Usufructuar (...) el don del amor conyugal respetando las leyes del proceso generador significa reconocerse no árbitros de las fuentes de la vida humana, sino más bien administradores del plan establecido por el Creador» (Humanæ vitæ, 13). «La vida humana es sagrada» -como recordó nuestro predecesor de s. m. Juan XXIII en la Encíclica «Mater et Magistra»-, «desde su comienzo compromete directamente la acción creadora de Dios» (AAS 53, 1961; cf. Humanæ vitæ, 13). En cuanto a la motivación inmediata, la Encíclica «Humanæ vitæ» exige que «para espaciar los nacimientos existan serios motivos, derivados de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges o de circunstancias exteriores...» (Humanæ vitæ, 16).
6. En el caso de una regulación moralmente recta de la natalidad que se realiza mediante la continencia periódica, se trata claramente de practicar la castidad conyugal, es decir, de una determinada actitud ética. En el lenguaje bíblico diríamos que se trata de vivir el espíritu (cf. Gál 5, 25).
La regulación moralmente recta se denomina también «regulación natural de la natalidad», lo que puede explicarse como conformidad con la «ley natural». Por «ley natural» entendemos aquí el «orden de la naturaleza» en el campo de la procreación, en cuanto es comprendido por la recta razón: este orden es la expresión del plan del Creador sobre el hombre. Y esto precisamente es lo que la Encíclica, juntamente con toda la Tradición de la doctrina y de la práctica cristiana, subraya de modo especial: el carácter virtuoso de la actitud que se manifiesta con la regulación «natural» de la natalidad, está determinado no tanto por la fidelidad a una impersonal «ley natural», cuanto al Creador-persona, fuente y Señor del orden que se manifiesta en esta ley.
Desde este punto de vista, la reducción a la sola regularidad biológica, separada del «orden de la naturaleza», esto es, del «plan del Creador», deforma el auténtico pensamiento de la Encíclica «Humanæ vitæ» (cf. Humanæ vitæ, 14).
El documento presupone ciertamente esa regularidad biológica, más aún, exhorta a las personas competentes a estudiarla y aplicarla de un modo aún más profundo, pero entiende siempre esta regularidad como la expresión del «orden de la naturaleza» esto es, del plan providencial del Creador, en cuya fiel ejecución consiste el verdadero bien de la persona humana.

Significado "esponsal" del amor humano. - by Juan Pablo II

 de las catequesis del papa sobre el amor humano... 

Significado «esponsal» del cuerpo humano (16-I-80/13-I-80)

1. Continuamos hoy el análisis de los textos del libro del Génesis, que hemos emprendido según la línea de la enseñanza de Cristo. Efectivamente, recordamos que en la conversación sobre el matrimonio, El se remitió al «principio».
La revelación y, al mismo tiempo, el descubrimiento originario del significado «esponsalicio» del cuerpo, consiste en presentar al hombre, varón y mujer, en toda la realidad y verdad de su cuerpo y sexo («estaban desnudos»), y a la vez, en la plena libertad de toda coacción del cuerpo y del sexo. De esto parece dar testimonio la desnudez de los progenitores, interiormente libres de la vergüenza. Se puede decir que, creados por el Amor esto es, dotados en su ser de masculinidad y feminidad, ambos están «desnudos», porque son libres de la misma libertad del don. Esta libertad está precisamente en la base del significado esponsalicio del cuerpo. El cuerpo humano, con su sexo, y con su masculinidad y feminidad, visto en el misterio mismo de la creación, es no sólo fuente de fecundidad y de procreación, como en todo el orden natural, sino que incluye desde «el principio» el atributo «esponsalicio», es decir, la capacidad de expresar el amor: ese amor precisamente en el que el hombre-persona se convierte en don y -mediante este don- realiza el sentido mismo de su ser y existir. Recordemos aquí el texto del último Concilio, donde se declara que el hombre es la única criatura en el mundo visible a la que Dios ha querido «por sí misma», añadiendo que este hombre no puede «encontrar su propia plenitud si no a través de un don sincero de sí» (1).
2. La raíz de esa desnudez originaria libre de la vergüenza, de la que habla el Génesis 2, 25, se debe buscar precisamente en esa verdad integral sobre el hombre. Varón y mujer, en el contexto de su «principio» beatificante, están libres de la misma libertad del don. Efectivamente, para poder permanecer en la relación del «don sincero de sí» y para convertirse en este don el uno para el otro, a través de toda su humanidad hecha de feminidad y masculinidad (incluso en relación a esa perspectiva de la que habla el Génesis 2, 24), deben ser libres precisamente de este modo. Entendemos aquí la libertad sobre todo como dominio de sí mismos (autodominio). Bajo este aspecto, esa libertad es indispensable para que el hombre pueda «darse a sí mismo», para que pueda convertirse en don, para que (refiriéndonos a las palabras del Concilio) pueda «encontrar su propia plenitud» a través de «un don sincero de sí». De este modo, las palabras «estaban desnudos sin avergonzarse de ello» se pueden y se deben entender como revelación -y a la vez como descubrimiento- de la libertad que hace posible y califica el sentido «esponsalicio» del cuerpo.
3. Pero el Génesis 2, 25 dice todavía más. De hecho, este pasaje indica la posibilidad y la calidad de esta recíproca «experiencia del cuerpo». Y además nos permite identificar ese significado esponsalicio del cuerpo in actu. Cuando leemos que «estaban desnudos sin avergonzarse de ello», tocamos indirectamente casi la raíz y directamente ya sus frutos. Interiormente libres de la coacción del propio cuerpo y sexo, libres de la libertad del don, varón y mujer podían gozar de toda la verdad, de toda la evidencia humana, tal como Dios Yahvé se las había revelado en el misterio de la creación. Esta verdad sobre el hombre, que el texto conciliar precisa con las palabras antes citadas, tiene dos acentos principales. El primero afirma que el hombre es la única criatura en el mundo a la que el Creador ha querido «por sí misma»; el segundo consiste en decir que este hombre mismo, querido por Dios desde el «principio» de este modo, puede encontrarse a sí mismo sólo a través de un don desinteresado de sí. Ahora, esta verdad acerca del hombre, que en particular parece abarcar la condición originaria unida al «principio» mismo del hombre en el misterio de la creación, puede ser interpretada -según el texto conciliar- en ambas direcciones. Esta interpretación nos ayuda a entender todavía mejor el significado esponsalicio del cuerpo, que aparece inscrito en la condición originaria del varón y de la mujer (según el Génesis 2, 23-25) y en particular en el significado de su desnudez originaria.
Si, como hemos constatado, en la raíz de la desnudez está la libertad interior del don -don desinteresado de sí mismos-, ese don precisamente permite a ambos, varón y mujer, encontrarse recíprocamente, en cuanto al Creador ha querido a cada uno de ellos «por sí mismo» (cf. Gaudium et spes, 24). Así el hombre en el primer encuentro beatificante encuentra de nuevo a la mujer y ella le encuentra a él. De este modo él la acoge interiormente; la acoge tal como el Creador la ha querido «por sí misma», como ha sido constituida en el misterio de la imagen de Dios a través de su feminidad; y recíprocamente, ella le acoge del mismo modo, tal como el Creador le ha querido «por sí mismo», y le ha constituido mediante su masculinidad. En esto consiste la revelación y el descubrimiento del significado «esponsalicio» del cuerpo. La narración yahvista, y en particular el Génesis 2, 25, nos permite deducir que el hombre, como varón y mujer, entra en el mundo precisamente con esta conciencia del significado del propio cuerpo, de su masculinidad y feminidad.
4. El cuerpo humano, orientado interiormente por el «don sincero» de la persona, revela no sólo su masculinidad o feminidad en el plano físico, sino que revela también un valor y una belleza que sobrepasan la dimensión simplemente física de la «sexualidad» (2). De este modo se completa, en cierto sentido, la conciencia del significado esponsalicio del cuerpo, vinculado a la masculinidad-feminidad del hombre. Por un lado, este significado indica una particular capacidad de expresar el amor, en el que el hombre se convierte en don; por otro, le corresponde la capacidad y la profunda disponibilidad a la «afirmación de la persona», esto es, literalmente, la capacidad de vivir el hecho de que el otro -la mujer para el varón y el varón para la mujer- es, por medio del cuerpo, alguien a quien ha querido el Creador «por sí mismo», es decir, único e irrepetible: alguien elegido por el Amor eterno. La «afirmación de la persona» no es otra cosa que la acogida del don, la cual, mediante la reciprocidad, crea la comunión de las personas; ésta se construye desde dentro, comprendiendo también toda la «exterioridad» del hombre, esto es, todo eso que constituye la desnudez pura y simple del cuerpo en su masculinidad y feminidad. Entonces -como leemos en el Génesis 2, 25-, el hombre y la mujer no experimentaban vergüenza. La expresión bíblica «no experimentaban» indica directamente «la experiencia» como dimensión subjetiva.
5. Precisamente en esta dimensión subjetiva, como dos «yo» humanos y determinados por su masculinidad y feminidad, aparecen ambos, varón y mujer, en el misterio de su beatificante «principio» (nos encontramos en el estado de la inocencia originaria y, al mismo tiempo, de la felicidad originaria del hombre). Este aparecer es breve, ya que comprende sólo algún versículo en el libro del Génesis; sin embargo, está lleno de un contenido sorprendente, teológico y a la vez antropológico. La revelación y el descubrimiento del significado esponsalicio del cuerpo explican la felicidad originaria del hombre y, al mismo tiempo, abren la perspectiva de su historia terrena, en la que él no se sustraerá jamás a este «tema» indispensable de la propia existencia.
Los versículos siguientes del libro del Génesis, según el texto yahvista del capítulo 3, demuestran, a decir verdad, que esta perspectiva «histórica» se construirá de modo diverso del «principio» beatificante (después del pecado original). Pero es tanto más necesario penetrar profundamente en la estructura misteriosa, teológica y a la vez antropológica, de este «principio». Efectivamente, en toda la perspectiva de la propia «historia», el hombre no dejará de conferir un significado esponsalicio al propio cuerpo. Aun cuando este significado sufre y sufrirá múltiples deformaciones, siempre permanecerá el nivel más profundo, que exige ser revelado en toda su simplicidad y pureza, y manifestarse en toda su verdad, como signo de la «imagen de Dios». Por aquí pasa también él camino que va del misterio de la creación a la «redención del cuerpo» (cf. Rom 8).
Al detenernos, por ahora, en el umbral de esta perspectiva histórica, nos damos cuenta claramente, según el Génesis 2, 23-25, del mismo vínculo que existe entre la revelación y el descubrimiento del significado esponsalicio del cuerpo y la felicidad originaria del hombre. Este significado «esponsalicio» es también beatificante y, como tal, manifiesta, en definitiva, toda la realidad de esa donación, de la que hablan las primeras páginas del Génesis. Su lectura nos convence del hecho de que la conciencia del significado del cuerpo que se deriva de él -en particular del significado «esponsalicio»- constituye el componente fundamental de la existencia humana en el mundo.
Este significado «esponsalicio» del cuerpo humano se puede comprender solamente en el contexto de la persona. El cuerpo tiene su significado «esponsalicio» porque el hombre-persona es una criatura que Dios ha querido por sí misma y que, al mismo tiempo, no puede encontrar su plenitud si no es mediante el don de sí.
Si Cristo ha revelado al hombre y a la mujer, por encima de la vocación al matrimonio, otra vocación -la de renunciar al matrimonio por el Reino de los cielos-, con esta vocación ha puesto de relieve la misma verdad sobre la persona humana. Si un varón o una mujer son capaces de darse en don por el Reino de los cielos, esto prueba a su vez (y quizás aún más) que existe la libertad del don en el cuerpo humano. Quiere decir que este cuerpo posee un pleno significado «esponsalicio».
(1) «Más aún, cuando el Señor Jesús ruega al Padre para que todos sean una sola cosa, como yo y tú somos una sola cosa (Jn 17, 21-22), abriéndonos perspectivas cerradas a la razón humana, nos ha sugerido una cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la unión de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad. Esta semejanza demuestra que el hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí misma, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás» (Gaudium et spes, 24).
El análisis estrictamente teológico del libro del Génesis, en particular Gén 2, 23-25, nos permite hacer referencia a este texto. Esto es, constituye un paso más entre la «antropología adecuada» y la «teología del cuerpo», estrechamente ligada al descubrimiento de las características esenciales de la existencia personal en la «prehistoria teológica» del hombre. Aunque esto puede encontrar resistencia por parte de la mentalidad evolucionista (incluso entre los teólogos), sin embargo sería difícil no advertir que el texto analizado del libro del Génesis, especialmente Gén 2, 23-25, demuestra la dimensión no sólo «originaria», sino también «ejemplar» de la existencia del hombre, en particular del hombre «como varón y mujer».
(2) La tradición bíblica refiere un eco lejano de la perfección física del primer hombre. El Profeta Ezequiel, comparando implícitamente al Rey de Tiro con Adán en el Edén, escribe así:
«Era el sello de la perfección, lleno de sabiduría y acabado de belleza. Habitaba en el Edén, en el jardín de Dios...» (Ez 28, 12-13).

Catequesis de Juan Pablo II sobre el amor humano

un link a tener en cuenta! con todas las catequesis del papa sobre el amor humano..

http://www.gratisdate.org/nuevas/amor/default.htm